sábado, 7 de septiembre de 2013

EL ANIMAL SILENCIOSO - GIBRAN JALIL GIBRAN


El Animal Silencioso
Por Gibran Jalil Gibran

En el tema de de este post, en realidad, ya no hay nada que agregar, quizás comentar el talento de Gibran de atribuir facultades de raciocinio al animal, a diferencia de algunos “humanos”, incapaces de poseer buenos sentimientos.

Enrique Arteaga Sustaita



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EL ANIMAL SILENCIOSO
Gibran Jalil Gibran
“En la mirada de un animal silencioso hay un discurso que sólo el alma del sabio puede comprender verdaderamente”/ Poeta Indio

En el crepúsculo de un hermoso día, cuando la fantasía se apodera de mi mente, pasé por el borde de la ciudad y me detuve ante las ruinas de una casa abandonada, de la que sólo quedaban las piedras.
Entre las ruinas vi un perro que yacía sobre la suciedad y cenizas. Su piel estaba cubierta de úlceras y la enfermedad atormentaba su cuerpo débil. Sus ojos tristes miraban una y otra vez al sol poniente y expresaban humillación, desesperanza y miseria.
Me acerqué a él con el deseo de saber el lenguaje animal para que mi compasión pudiera consolarlo. Pero sólo logré aterrorizarlo, e intentó levantarse sobre sus patas paralizadas. Cayéndose, me echó una mirada en la que se mezclaba ira impotente con la súplica.
En esa mirada había un discurso más lúcido que el del hombre y más conmovedor que las lágrimas de una mujer. Esto es lo que entendí que decía:
-Hombre, sufrí la enfermedad que causo tu brutalidad y persecución.
“Huí de tu pie rudo y me refugié aquí, porque el polvo y las cenizas son más dulces que el corazón del hombre y estas ruinas menos tristes que su alma. Vete, intruso del mundo del desgobierno y de la injusticia.
“Soy una miserable criatura que sirvió al hijo de Adán con fe y lealtad. Era el más fiel compañero del hombre: lo cuidaba noche y día. Me afligía en su ausencia y lo recibía con alegría a su regreso. Me contentaba con las migajas que caían de su mesa y me alegraba con los huesos que sus dientes habían despojado de carne. Pero cuando me volví viejo y enfermo, me sacó de su hogar y me abandonó a los despiadados jóvenes de las callejuelas.
“Oh hijo de Adán, veo el paralelismo que existe entre mi caso y el de tus prójimos imposibilitados por la edad. Hay soldados que lucharon por su país cuando estaban en la flor de la vida y que luego labraron su suelo. Pero ahora que ha llegado el invierno de sus vidas y ya no son útiles se ven desechados.
“También veo parecido entre mi suerte y la de una mujer que, en los días de su adorable juventud, alegró el corazón de un joven y que después, como madre, dedico su vida a sus hijos. Pero ahora, ya anciana, es ignorada y eludida.
¡Qué tiránico eres hijo de Adán! ¡Y qué cruel!
Así habló el silencioso animal, y mi corazón lo comprendió...



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