domingo, 6 de marzo de 2016

PARA MIS AMIGOS AUSENTES, A SU MEMORIA



Para mis Amigos Ausentes

Tuve amigos a los que quise mucho y hoy ya no están conmigo. Su paso por la vida y su manera de ofrendar amor fueron ejemplares. Por eso los admiré siempre; los amé; ¡Por eso los lloré cuando partieron! - Enrique Arteaga Sustaita.





lunes, 1 de febrero de 2016

DE LOS SUEÑOS


De los Sueños
Por Enrique Arteaga Sustaita

© En nuestra soledad, tú y yo, seremos muchedumbre;
Seremos el brindis y la felicidad; la dicha, las risas, el encanto;
Seremos el amor, el cariño, las caricias, los besos, los abrazos;
Seremos sentimientos, ensueños, idilio, embrujo, fantasía, magia; culto a Eros;
Seremos el deseo, su esencia; la pasión, la lujuria, la avidez, la piel, el tacto, la locura;
Seremos la entrega, la comunión de cuerpos y almas; el anhelo sublime;
Seremos la cadencia, del Allegro al Vivace; el ritmo; el compás frenético y arrebatado.
Y… cuando alunicemos, seremos el clímax, el éxtasis; la ofrenda mutua en el altar del placer;
Seremos un arco iris explotando en mil estrellas de colores celebrando nuestro arribo a la gloria... Después… seremos satisfacción en laxitud; el reposo de las almas y… seremos, a la vez, un coro de ángeles cantando al amor, celebrando la génesis de los sueños cumplidos.- Enrique Arteaga Sustaita. 28 de Enero de 2016.



Póster de Obsequio para el Día del Amor y la Amistad





miércoles, 27 de enero de 2016

SE CASÓ EL ABUELO


SE CASÓ EL ABUELO 

Al quedar viudo y después de guardar luto por determinado tiempo, el abuelo ricachón de ochenta años de edad contrajo nupcias con una rozagante mujer de escasos 30 años. Pasaba el tiempo y la dama no lograba quedar embarazada por lo que el abuelo acudió al médico. El galeno ordenó un análisis de conteo de espermatozoides; razón por la que el abuelo acudió al laboratorio instalado en la misma clínica. En el laboratorio, una asistente le entregó un frasquito para depositar la muestra y lo introdujo en un pequeño cubículo para que se realizara las maniobras obvias. Pasó más de una hora y el viejito no salía por lo que la asistente tocó con insistencia la puerta del privadito, temerosa de que al abuelo le hubiera sucedido algo malo. Sale el viejito con una notoria fatiga reflejada en su rostro y se dirige a la asistente: “Señorita: media hora tratando con la mano derecha ¡Y nada!; media hora tratando con la mano izquierda ¡Y nada!; media hora tratando con ambas manos ¡Y nada que puedo destapar el frasquito!”

Autor desconocido.