Al quedar viudo y después de guardar luto por
determinado tiempo, el abuelo ricachón de ochenta años de edad contrajo nupcias
con una rozagante mujer de escasos 30 años. Pasaba el tiempo y la dama no
lograba quedar embarazada por lo que el abuelo acudió al médico. El galeno
ordenó un análisis de conteo de espermatozoides; razón por la que el abuelo
acudió al laboratorio instalado en la misma clínica. En el laboratorio, una
asistente le entregó un frasquito para depositar la muestra y lo introdujo en
un pequeño cubículo para que se realizara las
maniobras obvias. Pasó más de una hora y el viejito no salía por lo que la
asistente tocó con insistencia la puerta del privadito, temerosa de que al
abuelo le hubiera sucedido algo malo. Sale el viejito con una notoria fatiga
reflejada en su rostro y se dirige a la asistente: “Señorita: media hora
tratando con la mano derecha ¡Y nada!; media hora tratando con la mano
izquierda ¡Y nada!; media hora tratando con ambas manos ¡Y nada que puedo
destapar el frasquito!”
El año viejo esta por fenecer; con él se van todas nuestras
tristezas y nuestras alegrías, nuestras penas y nuestras dichas, nuestros
aciertos y nuestros errores, nuestros éxitos y fracasos; nuestros amores y
desamores, etc. Todo ello acumulado a lo largo del año. Encima de todo este
montón de cosas sobresalen el odio, las ofensas, el orgullo y cosas así. Es
momento de hacer el balance -si no se hizo antes, al momento de los sucesos.
¿Qué vamos a poner en qué columna? ¿Qué va en los haberes? ¿Qué en los deberes?
¡No os hagáis, jajaja! ¡Todos sabemos en dónde va cada cosa! De alguna manera,
quizás lo que más no duela sean las cosas en donde tuvimos participación
directa y nos ocupamos en mostrar lo peor de nosotros, lastimando a las personas
-cercanas o lejanas, eso no importa. Porque de alguna manera si fuimos nosotros
los que padecimos lo anterior mencionado, eso no está en nosotros remediarlo;
pero si fuimos nosotros los protagonistas ejecutores ¡Eso si duele! Por una
razón: el tiempo no tiene reversa, no da marcha atrás –como a veces
quisiéramos- negándonos la oportunidad de remediar “aquello”; de no haber
actuado así. Cuando lastimamos a las personas dejamos heridas en sus corazones
difíciles de sanar y que pueden quedar ahí por toda la vida, con todas sus
consecuencias. Es entonces que apreciamos lo maravilloso del perdón; ¡Cómo unas
sencillas palabras emitidas desde lo más profundo de un corazón arrepentido,
pueden restañar y quizás sanar a otro corazón herido! Pero para que la bondad
del perdón opere, funcione, es necesaria la voluntad de perdonar. Cuando esta
dualidad de voluntades hace “clic” les juro que vuelve a brillar el sol en su
cielo, que quizás antes lo tenían en penumbras. Claro que esto no funciona para
aquellas personas que todo se les resbala, que tienen el corazón duro, de
piedra; que tienen el alma negra. ¡Allá ellos! ¡Gracias a Dios por el perdón, la vida pasada -como fuese- y
la oportunidad de ser mejores en un nuevo año! ¡Dios mediante! ¡Feliz Año
Nuevo! ¡Salud! – Enrique Arteaga Sustaita.
¡Qué hermosa es mi tierra México y qué hermosas también sus
tradiciones! Es Diciembre y es el momento propicio para llevar a cabo en todo
el estado de Veracruz -y en la actualidad también en sus estados circunvecinos-
la tradicional celebración navideña por excelencia: la Rama. Se dice que esta ahora
arraigada tradición tiene sus orígenes hace alrededor de 500 años y que es
producto del sincretismo de las culturas española y mexicana; esta última,
concretamente la de los antiguos pobladores de Veracruz ya que de todos es
sabido que fue esta región la primera en recibir la visita de los españoles.
La celebración de la Rama consiste en adornar una rama de
árbol con motivos alegres y vistosos, un poco simulando al árbol de navidad: con listones de colores, globos, farolitos, esferas, etc. Enseguida se organiza
un grupo de personas de todas las edades, los niños son indispensables, y al son de los instrumentos musicales de la
misma región se inicia la procesión por las calles del barrio hasta llegar a
las casas designadas, lugar en donde se entonan los cantos de la Rama y que son
versos alusivos a la navidad, curiosos y hasta pícaros; se solicita el aguinaldo y así va la
procesión, casa por casa, hasta llegar a la casa donde se celebra la
fiesta o posada, lugar preciso en donde explota al máximo la
alegría y felicidad de la época navideña.
Se dice que la tradición de la Rama se dio en sus orígenes
en el estado de Veracruz, como sincretismo de las dos culturas, al coincidir las celebraciones hispanas del
adviento y la navidad con una fiesta de los nativos mexicanos al celebrar la
renovación del ciclo de la naturaleza. A esto se unieron elementos propios de
las tradiciones afroamericanas como son el uso de música, ritmos y bailes;
naciendo así, como dije antes, una de las más bellas tradiciones de mi México
lindo y querido.
Respecto de los versos de la Rama, al ser estos de autores
anónimos y del dominio público, existen infinidad de ellos, generalmente
compuestos por los mismos músicos a su propia necesidad y conveniencia.